06 noviembre 2012

Una ventana, una mañana

Hay imágenes que tienen la cualidad de disparar en tu interior un millar de historias, como una explosión de fuegos artificiales. Al momento emergen otras tantas historias para responder a esas preguntas, conformando un mosaico de posibilidades que se vuelven parte de la experiencia, enriqueciéndola y llenándola de luz y color.

Esas imágenes son como un buen relato, necesitan de ti para ser completadas y te invitan a participar en una suerte de juego cuyo mayor encanto es la imposibilidad de ganar. El saber que cualquier cosa que propongas no es mas que una de las infinitas posibilidades que ofrece la vida y que no está a tu alcance desvelar el misterio.



Esta foto la tomé desde la azotea de una tienda en el zoco de Tánger una mañana de otoño, permitiéndome robar un pedacito de la intimidad de la dueña de esos zapatos. La imagen es sencilla, unos zapatos dejados en el alféizar de una ventana junto a la compañía inexplicable de un jarrón de flores artificiales rojas.

Sin embargo hay algo tan sugerente en esos hermosos zapatos, con esos tacones tan altos cubiertos de barro, y su suave forro peludo. Hay algo en los finos visillos bordados, en la incoherencia de las flores de plástico, en las contraventanas plegadas para recibir esta luz de miel, entre lluvia y lluvia.

Y me quedo prendida de todo lo que me ofrece esa imagen, y de pronto me es fácil imaginar a la mujer, transformarme en ella, en una de las posibles ellas. Me es fácil sentir como se desliza mi pié cubierto de una media de seda por el suave forro al desprenderse de ese zapato. Y puedo sentir la brisa húmeda que mueve los visillos y los ruidos que llegan de la calle. O también puedo ser el que la espera mientras deja los zapatos en la ventana para después llegar hasta él descalza.

Y así me voy multiplicando, recibiendo el regalo de cada mutación. Dando las gracias, una y otra vez, a la mujer que tan generosamente y sin saberlo me entregó todo eso en el sencillo gesto de dejar sus zapatos en la ventana un día cualquiera.


1 comentario:

Victoria dijo...

También está el detalle de las cuerdas supongo que para tender, y eso que el espacio no da para mucho.