14 junio 2009

El Herido. Para el muro de un hospital de sangre.

I

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.

La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.

La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.

II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)

Pequeños milagros

Ayer.

Ayer puse aquí la pregunta que me atormenta.

Esa pregunta que empezó como un susurro y que ha ido creciendo hasta hacerse imposible de esquivar, pues me grita su miedo desde las esquinas de mi conciencia y se acurruca en mi almohada para colarse en mis sueños.

A la vez que caen las máscaras, cáscaras vacías, hojas muertas. Mientras deconstruyo lo que creí tanto tiempo mi personalidad y mi persona. Cuando me doy cuenta que cada vez conozco más lo que no soy y menos lo que soy.

¿Y si detrás de la última máscara no hubiera nada?


Pero hoy

Hoy había una respuesta, certera como una flecha. Un comentario sencillo y preciso:

..."porque donde unas cuencas vacias amanezcan...ella pondrá dos piedras de futura mirada!..."

Olivier Franconetti, dice llamarse el mediador
Miguel Hernández, Para la Libertad, el visionario
Y más allá El Universo, confabulando

Por todo ello ya no tengo miedo

Hoy SÉ
que donde unas cuencas vacías amanezcan
puedo poner dos piedras de futura mirada
y hacer que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Hoy dejo de ser buscadora para ser creadora.

Gracias. Al mediador, al visionario. Al Universo.