20 octubre 2008

El hombre-pájaro o la verdadera naturaleza


Era de noche, en un lugar abierto. Allá lejos, en los límites del horizonte, se adivinaba el bosque como una presencia negra, casi sólida en la penumbra. Olía a tierra mojada, a frío, a invierno.

La noche era muy oscura, sin luna. La única luz era una hoguera muy pequeña encendida frente a nosotros.


Estábamos sentados en la tierra. Mi amigo y yo frente a frente, con el fuego entre los dos y el embozado un poco mas alejado, a mi izquierda, formando el eje de la simetría entre mi amigo y yo.

El fuego era tan pequeño que apenas alcanzaba para ver la cara de mi amigo, las facciones agudizadas y en continuo cambio a causa de la luz en permanente danza. A su espalda todo solo había oscuridad. El embozado era casi una sombra, un volumen negro recortado en la negrura.

En esa sombra creí reconocer al antiguo visitante, el hombre-pájaro, con su capa y su capucha sobre la cara.
Podía sentir el calor del fuego y el peso de mis alas desde mis hombros. Podía tensar los músculos y sentir la respuesta de toda la estructura de las alas a mi movimiento. Mujer-pájaro sentada junto al fuego en la noche.

El embozado me habló del proceso. Me dijo "el hombre-pájaro fue creado para que tú depositaras fuera de ti lo que no podías ver y pudieras reconocerlo". Me dijo "ahora que lo has integrado ya no lo necesitas, ya sabes quien eres". Le hablé de la loba que vio mi maestra en mí. Me dijo "una cosa es lo que eres, tu verdadera naturaleza, y otra cosa son tus representaciones".

Me puso ejemplos, comparaciones paradójicas y extrañas. Yo a veces me volvía hacia la izquierda a mirar a la sombra que hablaba desde la oscuridad y luego miraba a mi amigo y me apoyaba en su mirada con la que me acompañaba en silencio. Su gesto y sus ojos, en los que bailaba la luz del fuego reflejaban tanta comprensión, tanta sabiduría, como si desde siempre supiera todo lo que nos estaba siendo revelado.

Le pregunté al embozado si mi verdadera naturaleza era ser mujer-pájaro. Me contestó "nunca te voy a decir lo que tú ya sabes". Le pregunté qué significaba ser mujer-pájaro. Me dijo "ahora que eres capaz de reconocer a los que son como tú no deberías preguntarme eso"...